

Pese a que la noticia no es nueva, el pasado 25 de julio surgieron nuevos antecedentes que publicó el diario peruano “El Correo”, que incluso le dedico su portada, como se aprecia en la imagen publicada en esta entrada. La información es recogida de la agencia Reuters y señala que importantes autoridades de Washington expresaron que Perú y Colombia estaban ya en negociaciones para facilitar territorios a la cuestionada base, aunque aún no estaría descartado del todo Ecuador. Respecto de Perú se agrega, que “un acuerdo con Perú podría implicar apoyo financiero de Estados Unidos para colaborar con sus esfuerzos en la explotación minera y, de otro lado, ayudar con programas de seguridad en la frontera, ambas necesidades expresadas por Lima a Washington”. El petitorio peruano habría sido formulado en abril de este año, cuando el ministro de defensa peruano Allan Wagner, acompañado por el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, el almirante Jorge Montoya, viajaron a Washington, EE.UU, a fin de reunirse con el Secretario de Defensa de dicho país, Robert Gates. En el mismo sentido, cabe destacar que la USAF realizó ejercicios aero-militares en conjunto con la FAP en el norte del Perú y en Lima, en febrero pasado, zona en la que precisamente esta interesado EE.UU para la instalación de su base.
Por otro lado, si bien es cierto, el mismo día que el “Correo” publicare su noticia, el Canciller Belaunde desmintió que el Perú hubiese ofrecido territorios para una base militar a EE.UU, lo propio había hecho Wagner en el mes de abril (luego de su viaje a EE.UU), tales declaraciones no han sido suficientes para eliminar el rumor que cada día ruge más fuerte que un estadio gritando gol, en atención al cúmulo de hechos que se han ido sucediendo, amén de la poca credibilidad de que gozan estos ministros.

Aparte del natural e histórico miedo que ciertos sectores del Perú sienten respecto de Chile y sus supuestas pretensiones expansionistas, se ha sumado otro enemigo “imaginario”, incubado en el seno del ala derechista de la política peruana, el revoltoso y versero Hugo Chávez, quien tendría planes de llevar su revolución bolivariana al Perú a través de Ecuador, Colombia o Bolivia con el fin de instalar en el poder, como su monigote, a Ollanta Humala, conforme sugiere el editorial del diario El Correo, escrito por su director Aldo Mariátegui y titulado “Paraguas gringo y realpolitik”, en donde, en apoyo a la mencionada base, primero argumenta en relación al enemigo público número del Perú (Chile): “Ponerse bajo el paraguas gringo te protege contra un enemigo externo mucho más poderoso”, “más bien, un acuerdo de esa naturaleza nos ahorraría una costosa carrera armamentista con Chile, renovaría ventajosamente nuestro obsoleto parque militar y nos daría un seguro de vida contra cualquier enemigo externo”. Luego se referirse a la amenaza chavista por medio de sus estados satélites: “Ecuador tampoco es un país de confianza, menos aún con su chavismo actual y la posibilidad de que Chávez le transfiera gran cantidad del equipo militar que está comprando a raudales. Y ya en Colombia muchos andan asustados con Chávez. Por su armamentismo. Porque puede meterse a apoyar a fondo a las castristas FARC”. Finalmente, haciendo gala de la clásica paranoia peruana, describe el Apocalipsis que le aguarda a su país: “Imagínense un Perú en el 2011 rodeado por tres países chavistas y un Chile hiperarmado e irritado por haber tenido que acudir a La Haya”. Naturalmente, conforme sugiere el autor, hay que imaginarse al ejercito chileno marchando nuevamente por las calles de Lima o al Perú anexado a una nueva Gran Colombia con Chávez como nuevo Bolívar. ¡Delirio puro!
En honor a la verdad cabe señalar que el pánico aún no se ha apoderado de todos los peruanos, ya que hay sectores que repudian abiertamente la presencia militar Estadounidense apelando a la dignidad y soberanía de su país, que sin lugar a dudas se vería coartada por el dominio comercial (TLC), y más aún militar (base), que éstos naturalmente ejercerían, fuera de poner en duda las supuestas regalías ofrecidas, así como, la real protección que otorgaría frente a sus potenciales agresores.


